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El amor es una decisión: De no dejar morir a su compañero.

No hay garantía para ninguna relación, no importando la personalidad o fortaleza de los involucrados. Toda amistad, noviazgo o matrimonio pasará por momentos de dificultad, de adversidad y de gran fricción. Es en esta tensión que las cuerdas de esta unión o evocan su mejor melodía o se rompen.

He visto de cerca relaciones hermosas desaparecer, personas que eran uno para el otro alejarse cuando la dificultad arreció, parejas que la adversidad distanció y noviazgos que ante la fricción que brota de abrir más el corazón se extinguieron. Y la respuesta del  mundo que observa puede ser el factor que los enterrará por completo. Los comentarios pesimistas y negativos en tono de juego serán los que menos deberán escuchar si desean seguir con vida.

“Ya los veré después de un año” “Aw, míralos, andan en su luna de miel; disfrútenlo porque ya que vengan los niños será muy diferente” “Nombre, aguas, porque si no prestas atención llega otra y te lo quita”, etc, etc. Comentarios sin tacto de personas o parejas que quizás entraron con gran emoción al matrimonio y vieron como su ilusión fue apagándose. Pues esto, sólo quedo en eso, en emoción, romance y sexo.

Y es entonces, cuando si el amor permanece sólo en romance sobrevivirá muy poco. Cada uno debe proponerse pelear por la vida de la otra persona, en amor, en paciencia, en entender que cada uno lleva heridas, debilidades y un diferente grado de madurez. El amor es una decisión. Un compromiso, con uno mismo, de no dejar morir a la otra persona en sus momentos de mayor presión.

Escuche recientemente a un consejero familiar que da conferencias por todo el mundo decir que antes que una pareja se desmorone frecuentemente uno de los dos estuvo pasando por grandes presiones personales, financieras o emocionales, lo que la otra persona no supo identificar, sino hasta después que todo había terminado.

Esos votos en la iglesia no se pronuncian solamente como una tradición. Se dicen antes todos esos testigos que, “En la salud y en la enfermedad…”. Se pronuncia un pacto, de que nunca dejaras solo a tu compañero, a tu compañera, sino “Hasta que la muerte los separé”.

Ultimamente he visto fotos de un noviazgo nuevo en facebook, donde él recientemente acabó de firmar los papeles de divorcio con su ex-esposa y ahora sale con esta nueva chica. Todos alrededor aplauden la nueva relación, likes por segundo y un amor muy evidente… Sin embargo, pocos saben qué sucedió con su ex. Toda clase de excusas podrán mostrarse frente al juez, ella podrá haber hecho un gran drama de todo esto, pero la verdad, ella sufrió una gran presión emocional. Sin saberlo él, comenzó a desilucionarse porque ella no era la clase de mujer que él esperaba, y con mucha razón. Ella estaba en el momento más vulnerable, jamás podría ser ella misma, mucho menos mostrar la clase de amor que él pedía. Allí, él nunca indago, peleo por ella o se aferro a ese compromiso. Así que, firmaron su divorcio.

Una mujer durante toda su vida se pregunta dentro de ella misma “seguirá amándome no importando qué suceda, peleará por mi hasta el final”. Muy a menudo la respuesta que recibe es, “No, tendrás que arreglartelas, tú sola”. Y así lo hace.

Cuenta una historia de aquellos soldados de guerra siendo homenajeados por su Presidente en el día de los Veteranos en Estados Unidos. Cada uno recibió su presea y aplausos de la familia y amigos que asistieron al gran evento. Algunos de los soldados cargaban grandes heridas. A uno de ellos, que seguía en la fila, le faltaba un brazo y una pierna. Al ver tan difícil circunstancia el Presidente se acercó y le dijo “Soldado, admiró su valentía y lamento que haya perdido su brazo y pierna en la guerra”. A lo que el muchacho al verlo con respeto respondió: “Señor Presidente, yo no perdí mi brazo y mi pierna en la guerra. Se los entregué a mi país.”

El mundo alrededor podrá desmoronarse, maldecirte o irse en tu contra. Sin duda lo hará. Sin embargo, en cada presión, recuerda el compromiso que le hiciste a tu compañero delante de Dios no importando que puedas llegar a perder. El mayor amor de todos entregó su última gota de sangre en una cruz por su esposa, por ti. Aún cuando sabia que volverías a negarlo, a dudar de Él y olvidarlo. Aún así, se dio hasta la muerte. El amor todo lo sufre, todo lo espera, todo lo soporta, no se desvanece, nunca deja de ser (1 Corintios 13 – La Biblia).

Quien decide amar no medirá consecuencias por su compañero, aún la inestabilidad y gritos de este. El sabe que estos provienen de esa presión, de esa gran herida, y allí no pierde su tiempo, su trabajo o futuro, se lo entrega a ella en amor.


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