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Dejaras Padre y Madre…

El texto Bíblico dice: “Por tanto el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” (Génesis 2:24). Una de las declaraciones más importantes para comenzar una vida adulta junto a otra persona.

Esto no se trata de abandonar e irte miles de kilómetros lejos de tus padres, sino que ahora las decisiones las tomarás en otro orden de importancia donde a quien se escuchará primero será a tu esposa o esposo, y en conjunto decidirán el rumbo de su nueva vida, como una sola carne, una sola persona.

Es chistoso encontrarte esta declaración en Génesis, donde se supone que Adan no tenía padres. Sin embargo, en este texto Dios deja algo muy claro para las siguiente generaciones. Y durante toda la Escritura habla del honor y obediencia que se le debe a los padres, pero cuando se trasciende de soltería a unión entre dos personas establece un nuevo orden. Aquí se escucha a los padres en la toma de decisiones, pero al final se hace lo que ambos acuerdan, solamente el esposo y la esposa.

No es un tema fácil de escribir, más por la manera en que muchas familias viven en México y Latinoamérica donde aún casados la Madre o el Padre de alguno de los dos sigue teniendo parte en las decisiones de la pareja. Donde en el peor de los casos se escucha más a los padres que al cónyuge y es por consiguiente rupturas desastrosas, pues la pareja se ve en segundo término y no como una sola carne.

Leía previo a casarme acerca de algunos consejos hacía ciertas parejas muy apegadas a sus padres donde la recomendación más saludable era aislarse con su cónyuge por un año, donde el matrimonio pueda solidificarse, donde pueda florecer en las decisiones y el amor que se tienen el uno para con el otro. Eso en casos extremos. Los cuales algunas parejas necesitaran para recuperar su quebrantado matrimonio.

Dejar supone no desear que mi esposa cambie para agradar a mis padres; en todo caso que cambie para agradar a Dios.” -David Barceló

Pudiera sonar algo rudo para ciertos sectores donde comienzan su vida matrimonial con el apoyo económico de los padres, donde aún viven sus primeros años juntos, en el mismo hogar, y donde son ellos quienes siguen proveyendo para su hijo o hija. Pero permíteme plantearte esto desde el consejo bíblico. Donde el llamado del hombre es dejar todo por su esposa y ella dejarlo todo para seguirlo a él. Para que en ese sacrificio, de quizás no tenerlo todo, no recibir las mismas comidas, ser atendido de la misma manera, ser apreciada con las mismas palabras, se vaya forjando una negociación de amor que los establecerá como uno sólo, viéndose uno al otro como la única persona a la cual se busca agradar. Donde al pasar los años sea difícil ver a uno sin el otro.

El ‘dejar’ habla realmente de ‘depender de’. Por lo tanto, aún cuando vengan los hijos y sus quehaceres, la instrucción sigue vigente. Pues no dejas padres para unirte a tus hijos, sino a tu cónyuge. Los hijos serán aquellos a los cuales amaras y educarás para algún día también dejarlos ir. Es pues, la mejor educación que pudieras dejar el ejemplo de que papá es primero, mamá es primero, desde temprana edad. Allí, en la observación diaria hacía las prioridades de los padres es que también estos hijos emularán una conducta de honor, respeto y amor para su pareja.

Te invitó a observar de cerca aquello que merma la atención de uno por el otro dentro de un matrimonio y tomar nota del mensaje tan precisó desde los primeros capítulos de la Escritura. Dejar es crecer, madurar juntos y caminar hacía el llamado de una nueva unión que esta lista para develar algo más grande.


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