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Los Hijos que lloran

Escucho el alma hambrienta de un hijo que se vio perdido, mientras sus padres decidían su propio camino. Veo sus ojos enjuagarse al repetir lo sucedido, esa garganta que se corta, palabras que tartamudean, porque esperaban más de aquellos que los trajeron al mundo.

Hoy contemplo a este muchacho hablar de su padre que se aleja de su madre por alguien más, ayer escuché a otros relatar la misma historia, el poder del dinero en momentos decisivos, donde se debió dejar todo un lado y mantenerse amando. Los conflictos en los que jamás debieron participar los hijos, ni como anzuelos ser usados en la manipulación de los heridos.

Palabras que penetraron hasta las entrañas, que continuamente les hablan. Heridas que hacen eco en la oscuridad mientras consideran salidas suicidas, cuando esa soledad los debilita, el resultado de sus conjeturas o teorías. No hay quien socorre, ahógate en algo, desvanécete en el abismo.

Mientras allá afuera se vuelve a repetir la misma historia, el mismo ciclo, fiestas y celebración de una pareja que se une en alguna iglesia, quienes dirigen sus vidas a prometer cosas que jamás cumplirán, frente a ese ministro, con todos esos testigos. Ansiando sentirse parte de una sociedad que presiona, pregunta y al final se aleja sin respaldar. Buscando un vestido blanco y una recepción respetable, olvidando que un matrimonio comienza con lo que se hace antes, en aquello que se eligió sembrar de soltero.

Tantos créditos que jamás debieron pedirse para pretender ante los demás, relaciones que aún no maduraban, que necesitaban esperar; conversaciones serias que nunca se tuvieron, pues la atracción fue su único sustento.

Terminan pues las fotos, la celebración, el suceso. Comienza la vida real, tener que enfrentar todo a lo que se le dio la vuelta, se dejo para otro momento. Analizar el conflicto y culpar al cónyuge. Sorprenderse de las heridas del otro, de lo no solucionado, de los vicios y prioridades en si mismo. Y es cuando se dan cuenta a medio camino, de las promesas que hicieron y no podrán cumplir, pues la vida continua a pesar del conflicto, y la salvación solo viene de la bondad de un Dios divino.

Llega entonces un hijo, mas nunca debe usarse como antídoto, éste necesita padres comprometidos. A verse cara a cara, honestamente, reconocer sus debilidades, su orgullo y pedir perdón humildemente. Amarse intensamente, con las virtudes o fracasos del otro, comprendiendo los propios.

Pues tristemente somos testigos de muchos contando la misma historia, de aquellos que vieron compartir su vida con otros como un cuento de hadas y no como algo serio. Planeando una boda de ensueño sin considerar invertir antes en decisiones y fuertes cimientos.

Es tiempo de observar a tantos hijos que siguen llorando solos, pues sus padres aún no deciden darle vuelta a la página y enfrentar las consecuencias, aprender a aceptar que ahora alguien depende de ellos y su ejemplo. Que nadie más sustituirás sus palabras, sus abrazos, su tiempo. Amar con acciones, como prioridad, en las diarias decisiones.


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