Escoger a una pareja basándote solamente en la atracción física o porque la soledad se volvió agobiante es atentar contra tu propia persona. Obsérvalo en las vida de aquellos que así lo hicieron.
Seguramente no escogerás estar con alguien que no te agrade o con quien no sientas mariposas en el estomago, pero cuando el factor dominante es este, las conversaciones serias en pareja y con la familia podrían llegar a ser algo incomodas, pues nunca se profundizó en aquello que sostiene a parejas de por vida.
El centro de una buena relación es conocer de qué esta hecha esa persona que amas. Qué es lo que disfruta y con qué sueña. A dónde quisiera que la acompañaras en la vida. Qué hay más allá de esa bella sonrisa.
Piensa en aquellas frases que escuchamos de parejas que pasaron separaciones dolorosas: “ya no siento nada por él”, “no creo que ella me quiera como yo la quiero”, “no era la persona que yo pensaba”, etc. Estamos rodeados de ideas románticas que demandan que la otra persona nos complete, nos valore, este ahí para nosotros cuando lo necesitemos y eso demandamos. Sin embargo,
“Una relación genuina debe sostenerse en algo más que meras emociones.”
Debe ser sustentada por decisiones firmes. Amar no por lo que obtengo a cambio, sino amar por quién esa persona es. De otra manera esa relación tendrá una tensión continua para actuar como alguien que no eres. Y eso, es cansado.
El propósito de encontrar a alguien a quien amar es mucho más que buscar un compañero de salidas. Es compartir con la otra persona lo que amamos y apoyarse uno al otro para alcanzarlo, es encender el llamado para el cual nacimos. Un cordón de tres dobleces irrompible, una unión donde dos se vuelven uno para una causa más grande que ellos mismos.
Patrones se van repitiendo, generaciones vuelven a errar en aquello mismo que sus padres erraron, pues nunca se permitieron ser vulnerables para compartir sus fallas en humildad y pedir perdón. Ningún consejo brinda mayor advertencia que la vulnerabilidad de un padre que abre su corazón honestamente ante los suyos y confiesa sus errores pasados. No digo esto a la ligera, pues cualquier padre que ha sufrido tristes consecuencias lamenta ver a sus hijos repitiéndolos.
Sabemos más de lo que decimos y consentimos más de lo que debiéramos.
Un anillo de compromiso o un hijo no minimiza aquello que nunca se afrontó, lo maximiza . “Aquello que no enfrentamos en nuestra soltería nos encuentra con mucho más fuerza en nuestro matrimonio.” Intenta conversar con algún consejero familiar y descubrirás que frecuentemente las infidelidades y fallas de un cónyuge son simplemente las secuelas de aquello que nunca resolvió en su soltería.
Observa las relaciones a tu alrededor. Toma consejo para el futuro que deseas. Es mejor llorar un poco y reír toda la vida, que reír por un momento y sufrir las consecuencias de decisiones tan importantes tomadas a la ligera.
Esto no se trata de salir a buscar a alguien más o quedarte con el mejor postor, sino involucrarte en aquello que te hace sentir vivo, eso que te emociona y que brinda a este mundo tu melodía en esta bella orquesta. Probablemente al aventurarte a aquello escrito en tu ADN encontraras alguien ideal para acompañarte en esta increíble aventura.
Quizás es momento de revaluar lo que has estado consintiendo en cuanto a relaciones y escribir un capítulo diferente. ¡Sé valiente!
¡Firma un contrato contigo mismo de no comprometer el resto de tu vida!
Siempre la palabra justa que necesito. Gracias por ayudarme en mis momentos tristes, me animan a seguir soñando a pesar de que mis circunstancias y sobre todo a seguir creyendo. Dios los usa mucho. Un beso grande desde Buenos Aires.
“La sabiduría grita en las calles, en los principales lugares de reunión, siéntate y observa las relaciones a tu alrededor”
Wow! he leído ese proverbio muchas veces y hasta ahorita le entendí, wow. Gracias chicos