Puedes callar y dejar que las cosas se arreglen solas, pero ella es un corazón que late, que se lastima, que llora. Puedes alejarte y dejar que el tiempo sane de alguna manera las heridas, pero es doloroso para tu conciencia y para la fragilidad de su corazón de niña.

Puedes, sin embargo para este momento se te dio tal arrojo, para esto de niño te subías al árbol o te aventabas a la alberca en lo más hondo; para este momento esa osadía en tu vida a no darte por vencido, para un día tener las agallas y corregir lo que había dolido.

Para tener corazón y luchar aunque quizás ella cambie de camino, para ser y para mantenerte un caballero en todo sentido. Para que al volverla a encontrar en algún otro lugar la puedas ver a los ojos y ella sepa que fuiste un verdadero caballero, un buen hombre, un ser humano de arrojo.

Para aquellos valientes que saben dar la cara esto escribo, para aquellos que aunque fallaron supieron hacer lo correcto aunque para la audiencia no tuviera sentido.

Para ellos que se mostraron hombres, no hablando más de lo debido, emocionando más de lo que podrían cumplir, ilusionando más de lo que buscaban recibir, ni tomaron del momento partido.

Para estos caballeros modernos, quienes redimen, quienes salvan, quienes se mantienen allí hasta que llega la calma. Para ellos quienes otros vemos y nos enorgullece conocer, porque muchos son los que hablan, pero pocos con tales agallas podrás ver.