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Increíble vista al mar con refrigerador vacío lleno de milagros.

Algunas personas se han acercado diciéndome que no debería subir fotos a mis redes sociales del lugar donde vivo ahora. De alguna manera diciendo que la vida de alguien que esta sirviendo a Dios en algún lado del mundo debería causar lastima por las condiciones en las que vive, no lo contrario.

Para mi esposa y yo, el haber llegado hasta este lugar ha sido una aventura de fe, de emoción, y de mucha, mucha paciencia… A menudo es difícil compartir con otros los procesos, pues es difícil comprenderlos para quien escucha. Normalmente se espera que se compartan los éxitos, las historias de hazañas y de grandes logros. Sin embargo, se emiten los procesos. Los procesos nunca cuentan el final, dejan al oyente a medias y no terminan con una historia feliz, pues la historia aún está en desarrollo.

Los filtros de Instagram y la emoción de los segundos de un buen Snapchat a menudo confunden a quienes observan por las redes sociales, estos que no pueden ver el contexto del cuadro completo de lo que realmente se vive. Es así es que al aterrizar en esta preciosa isla, una familia nos ofreció hospedarnos en su preciosa casa con una increíble vista al mar mientras ellos estaban fuera. Para nosotros que habíamos vivido por casi dos años en un departamento miniatura en el piso seis al sur de Taiwán esto realmente parecía un sueño. Nuestra emoción cada mañana y noche viendo el océano a metros de distancia desde el balcón nos hizo desear compartirlo con todos nuestros amigos y familiares por Facebook, Instagram, Snapchat, etc. Esto era impresionante.

Misioneros alrededor del mundo van a los lugares más remotos, más alejados y con mayor necesidad de Dios. Eso de ninguna manera significa que al ellos escuchar la necesidad en Hawai, en Paris o en Bali se negarán a ir allá por lo exótico o extravagante del lugar. A menudo se encontrarán en una locación con una gran necesidad de Dios que cuenta con paisajes y vegetación admirable. Muchas veces conocerán a otros extranjeros que vacacionan en ese mismo país, quienes derrochan su dinero para disfrutar su tiempo de descanso. La misión de cada uno es muy diferente, el bolsillo de cada uno también. No me imagino lo que pensarán de él quienes habían apoyado su causa hasta el momento que decidió ir allá. Su agenda es muy diferente y así mismo la percepción del mundo de amistades que lo observan de lejos vivir ahí.

El rico y el pobre tienen algo en común: a los dos los ha creado el Señor. (Proverbios 22:2)

Así nos hemos encontrado ahora que estamos disfrutando esta increíble vista al mar, con un refrigerador semi vacío el cual Dios se ha encargado de llenarlo de milagros. Estaríamos poniendo nuestra confianza en los hombres y no en quien nos llamó a este país si dejáramos de compartir nuestras alegrías por temor a ser percibidos erróneamente. Nuestra base sería muy débil si lo que buscamos sería la aprobación y apoyo del hombre en lugar de creer que “la obra de Dios, hecha como Dios manda, no carecerá de provisión” como dijera el gran misionero, Hudson Taylor.

El temor al hombre es un lazo, pero el que confía en el Señor estará seguro. (Proverbios 29:25)

Este mes y medio viviendo en la Isla del Encanto, Puerto Rico, hemos llorado en silencio, nos hemos desanimado grandemente, hemos tratado de desviar la conversación cuando nos preguntan cuántos meses tiene mi esposa Cristina de embarazo, pues hemos dirigido los recursos económicos hacía lo más urgente, el alimento y los pañales para nuestro bebé de un año de edad, por lo cual no hemos podido ir a su primer chequeo médico. Esos han sido temas que de rodillas los hemos entregado a Dios, los cuales sabemos con el tiempo entenderemos por qué permitió Él que sucedieran así. Frecuentemente nos quedamos maravillados por lo que Él tenía reservado y la manera que al no haberlo tenido inmediatamente lo disfrutamos luego con mayor deleite.

Por favor, no me mal entiendas, esta aventura ha sido increíble, sin lo amargo lo dulce no es tan dulce. En esos momentos de gran desanimo Dios nos ha mostrado su cuidado y amor al proveer situaciones por medio de personas claves, que sin ellos saber nuestra situación, han sido de gran empuje para seguir manteniéndonos en la brecha por quienes no le conocen y a los que Dios nos envió. Han habido días donde añorábamos una rica hamburguesa del Chillis, unas donas exquisitas de Krispy Kreme, una cita con mi esposa en algún lugar donde pudiéramos reír y disfrutar, y cada uno de esos anhelos se han cumplido, sin nosotros pagar un centavo.

Nos seguimos encontrando con extranjeros y personas que llegan a este mismo lugar a vacacionar contándonos su agenda de viaje y mi esposa y yo solo nos miramos y sonreímos; hemos tenido personas que siguen alentándonos a vivir agradecidos por la increíble vista que tenemos al temporalmente vivir aquí, quienes al mismo tiempo no saben que de vistas increíbles no se llena el estomago; seguimos conociendo personas que no pueden creer que siendo mexicano vine a este lugar de misionero, me siguen preguntando de donde proviene mi apoyo económico. Y sigo junto a mi esposa respondiendo con una sonrisa, solo de Dios, de nadie más.

Joven fui, y he envejecido, y no he visto justo desamparado, ni su descendencia que mendigue pan. (Salmos 37:25)

Un estatus en Facebook o Twitter nunca podrán comunicar enteramente el cuadro completo, es por eso que hemos decidido compartir vulnerablemente nuestro proceso, éste que aún no termina, pero el cual nos prepara para logros eternos, vidas alcanzadas, semillas sembradas en el corazón de quienes nunca escucharon del amor del Carpintero. Nuestro proceso e historia sigue desarrollándose, seguimos viendo milagros, seguimos haciéndonos preguntas a diario, siempre con la convicción de que quien nos llamó tiene de nosotros cuidado.


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