Hace poco en una conversación una amiga nos dijo a mi esposa y a mi “¡pues a ustedes todo mundo los quiere, nadie querrá hacerles daño!”. Cristina y yo nos quedamos viendo recapitulando en segundos situaciones tan tristes de personas que nunca esperábamos fueran a lastimarnos tanto. Le dijimos a ella que sonreímos y nos veía alegres no porque nada ha pasado, sino porque Dios es nuestra fuerza y pase lo que pase, levántese quien se levante contra nosotros Él nos alienta a través de otros a seguir adelante. Sin embargo, ha dolido.

Cada uno vamos aprendiendo al relacionarnos con otros a no ser tan confiados, a no abrirnos del todo y mantener una distancia para no ser lastimados. Pues no es fácil voltear a ver a aquellas personas que nos sonrieron, quienes eran tan cercanas y en quienes confiamos ahora actuar de manera tan opuesto, tan hiriente.

Pudieras compartir con otros lo difícil de tu situación, algunos aconsejarán perdonar y seguir adelante, pero a menudo el problema no es perdonar, sino ¿qué haces ahora que has perdonado y esa persona sigue lastimando? Perdonas setenta veces siete decía el Maestro, pero eso no significa quedarse en el mismo lugar para seguir siendo agredido. Jesús mismo se alejó de aquella multitud que buscaba atacarlo después de que sus palabras los confrontaran con su pecado.

Frecuentemente estas personas son las más solitarias, pues su manera de relacionarse con otros es a través de controlarlos. Se oye duro, pero así es. Su manera de ofenderse por cualquier cosa, el hacerte sentir mal cuando decides ir por otro camino o escoger algo diferente que ellos, enojarse tanto cuando son confrontados con su manera de actuar, etc.

Hace poco leía acerca del Fiscal número uno en delitos por trata de personas y derechos civiles del Departamento de Justicia de Estados Unidos quien explicaba lo que tienen en común violadores, criminales y los líderes de la trata de personas, él decía:

“Todos ellos creen que los demás están en su contra.” “Las personas más ásperas que he conocido a través de los años han tenido dos cosas en común: ellos no logran confiar en los demás completamente, y ellos ven a las demás personas como medios para obtener algo.”

Esto es alarmante porque es tan fácil incurrir en cualquiera de estas dos conductas con tal de obtener lo que necesitamos, aún cuando lo llamemos bueno. El fin no justifica los medios y nuestro corazón que hoy todos llaman a escuchar y seguirlo, hoy en día es el mayor traicionero.

Es entonces que no podemos quedarnos donde mismo y dejar que su agresión o manipulación termine con nosotros, no es saludable, así mismo no debemos actuar como víctimas, escandalizados por el ataque de aquellos que mojaban el pan a la mesa con nosotros y que hoy besan nuestra mejilla con una multitud de rumores tras de ellos en contra nuestra. No, es parte de crecer y de revaluar nuestras amistades. Es parte de revisar nuestro propio corazón y la manera que tratamos a otros, con compasión y misericordia, pero a la vez con amor y respeto por nosotros mismos.