Leí a una gran escritora mencionar que al ir creciendo, cada vez que entraba a la oficina de su Papá su energía cambiaba.Ella sentía una seguridad que algún día lograría algo significativo por la manera que su Padre la celebraba. La manera que su mirada le decía que ella iba a lograr algo grande.
Habiendo trabajado con adolescentes por más de 20 años he sido testigo de algo lamentable. El poder de las palabras dichas sin tacto marcan muchas de las inseguridades que afectan la vida de los chicos.
Recuerdo situaciones donde tuve que parar por completo la clase porque las lagrimas de uno de mis estudiantes le impedían continuar. El lo describía diciendo “Maestro, escucho en mi cabeza las palabras de mi Mamá: jamás serás como tus hermanos, tú no vas a lograr nada en la vida.”
¿Cuánto de lo que se nos ha dicho es verdad y cuánto es quizás el reflejo de sus propias heridas?
¿Cómo asegurarnos de no adoptar esas palabras hirientes a nuestro vocabulario y caminar creyéndolas?
Por otro lado, que increíble es escuchar las palabras de animo de personas que desean lo mejor para nosotros genuinamente. Algunas de estas personas, pueden ver nuestro potencial mucho antes que nosotros mismos y siembran grandeza con sus palabras.
“Aléjate de las personas que tratan de menospreciar tus ambiciones. La gente pequeña siempre hace eso, pero los verdaderamente grandes te hacen sentir que tú también puedes ser grande” –Mark Twain
Que increíble poder ver eso en otros. Esperar lo mejor de quienes me rodean. Impulsar a otros con mis palabras. Enriquecer y celebrar sus logros cuando preguntan mi opinión.
Esta es una práctica contracultura. No solo para el receptor que nos observa preguntando si realmente pensamos así de ellos. Sino también para nosotros quienes cambiamos el ciclo de toxicidad con el que esta generación se comunica y se ven a ellos mismos.
Esto es, esperar lo mejor de otros. Observarlos a través de los lentes de fe vislumbrando un gran destino. Ser aquellos quienes siembran semillas de esperanza en el corazón de un mundo hambriento que anhela ser apreciado. Validados. Quienes ven más allá de lo aparente y crean un cambio celebrando a otros viendo lo mejor en ellos.
Mi hija Madison cumplió recientemente 9 años y deseo siempre ser ese Padre que la celebra sin condiciones. Decirle con mi mirada ¡Papá cree en ti y te ama demasiado!
Deseo no solo celebrarla a ella, sino también a cada persona que me rodea.
¿Qué tal tú?