Aliento, Dificultad

Por encima del Caos

Las actitudes externas de las personas a nuestro alrededor gritan desesperadas buscando un remedio interno. Escuchamos el eco de su fragilidad a través de los momentos difíciles. Los roses, las malas caras, lo tenso de su voz, la obsesión por cosas sin sentido, el drama.

Podemos irritarnos y responder con la misma tensión o respirar un segundo para detenernos, contemplar el caos y evitar ser influenciados, movidos.

Seria imposible evadir la tensión sólo con una buena cara, diciéndole a nuestra mente que no pasa nada. Claro que pasa. El optimismo barato jamás podrá detener el caos, así como tampoco un surfista podrá decir que la ola que se aproxima con tal fuerza no existe.

Existe. Es real. Pero puedo nadar por ella.

Uno de los jóvenes huérfanos a quien ayudaba, preguntó el por qué de tantas águilas en esta oficina que visitábamos. El dueño nos platicó como le gustaba recordarse así mismo la historia tan peculiar del águila, la manera que esta logra remontarse por encima de la misma tormenta cuando las demás aves tienen que esconderse por temor a mojar sus alas. Tan simple concepto se quedó en mi memoria.

Las tormentas de hoy son de ira, de frustración, de negatividad, de ansiedad, de temor, el caos influencia a algunos más profundamente que a otros y es entonces que todos somos arrastrados, ahogados, aunque creamos que podemos nadar.

Al enfrentarte a tus conocidos, amigos y seres queridos expresar o desahogar esta tensión sobre ti.

Mantén la calma.

Este es el momento de aplicar lo que ya has aprendido y recordar:

  • Que viendo a los ojos con una respuesta suave y de esperanza ayuda más a otros en lo tenso y caótico. 
  • Que cada quien pelea una batalla dentro y allí lo más prudente es darles a conocer que cuentan contigo. 
  • Que eres fuerte, que tu valor no es determinado por tus circunstancias, sino se demuestra en como respondes a ellas.
  • Que las heridas más profundas van hacía el mismo lugar de nuestra fortaleza, para probarla y conocerla mejor.
  • Que debemos ser compasivos con otros, pero aún más con nosotros mismos.
  • Y por último, que debemos poner nuestras cargas no en el otro, sino en el único que puede llevarlas y hacernos libres. Dios.

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