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No necesitamos más opiniones, sino ser escuchados.

Una de las cosas con las que me he enfrentado en mi relación con otros es mi manera de brindar un consejo u opinión antes que se me pida. Es algo que automáticamente hago y que rechazo por dentro cuando otros lo hacen conmigo en alguna conversación que no alcanzo a terminar.

Todos buscamos ser aplaudidos o alentados por aquellos a quienes valoramos, que se nos diga que vamos bien, que aunque nos equivocamos, hay cosas en la que si estamos acertando. Alguna palmada en la espalda, un “bien hecho” sincero, sentir que somos escuchados y comprendidos más que enseñados y corregidos por lo que estamos haciendo mal. Frecuentemente ya sabemos cuál es la razón de lo que nos preocupa, lo conversamos con los demás porque anhelamos que alguien más diga “entiendo por lo que estas pasando, lo siento” o nos aliente con algún comentario que nos de esperanza.

No necesitamos más maestros, necesitamos que otros nos escuchen de corazón y nos muestren que también les importa.

Hace tiempo escuche el termino “Dador de energía” refiriéndose a ese tipo de personas que deciden cada día alentar a otros con sus palabras y acciones. Escoger ser intencional en la manera que nos relacionamos con otros es una elección continua, de no permitir ser controlado por tus emociones o circunstancias, sino determinar conquistarlas en la fe que he puesto mis ansiedades en Dios* y Él tiene cuidado de mi.

Una persona llama la atención de otros con su semblante, si su actitud es seria y apagada los demás se preguntan qué sucede, si quizás estará enfermo o molesto, ésta crea un ambiente tenso a su alrededor, sin embargo una sonrisa transmite vida, contagia a otros a sonreír también. Esto no significa que siempre se esta feliz, sino que ha decidido descansar en que todo pasa con un propósito y ha decidido conquistar lo inestable de cada día.

Brindamos vida con nuestras palabras al escuchar a otros, al hacer preguntas de lo que les preocupa o alegra, le recordamos a otros levantar la frente en alto y caminar con una sonrisa aunque las cosas no sean las más optimas por dentro cuando mostramos entusiasmo en cualquiera sea la circunstancia.

Edmund Hillary decía mirando al Everest después de haber sido derrotado en su conquista por alcanzarlo la primera vez: “Volveré y te conquistaré, porque tú no puedes hacerte más grande y yo si”. Cada día es un reto por conquistar aquellas circunstancias y emociones que tratarán de derrotarnos con ansiedad y temores, decide ser un Dador de Energía con tu semblante, en tu manera de brindar palabras de vida a otros que comparten su corazón contigo.

 

 

* “Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.” (1 Pedro 5:7 RVI)


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