Aliento

Ponme de vuelta (Put Me Back On)

Las lagrimas no hablan de la desesperación, sólo de la expectativa en la que se puso la relación y las contiendas gritan cuánto algo se anhelo y no resultó.

Recientemente me he enterado que algunas personas muy cercanas a mi quienes tenían un matrimonio hermoso han decidido alejarse, por un tiempo o para siempre. Y es difícil comentar acerca de algo tan complejo donde solamente ellos conocen todos los detalles.

Sin embargo, en mi andar he visto de muy cerca situaciones imposibles de personas tan diferentes que siguieron luchando: parejas heridas que jamás hubieran querido vivir su historia de amor de esa manera, mujeres que nunca imaginaron los hábitos que ocultaba su príncipe azul, hombres que quedaron sin palabras al escuchar las contiendas más fuertes de labios de su amada y relaciones que todos pensaron nunca lo lograrían resurgir de nuevo.

Y un papel, un distanciamiento, los consejos no pedidos de familia y amigos que debieron solamente escuchar y orar por ellos pudieran determinar algo, algunas fracturas que rasgarán el resto de sus vidas, aunque la decisión más poderosa siga en cada uno en darse por vencido o luchar por su vida.

Por fuera se podrá oír el ruido de crítica, la expectativa de perfección de los incomprensibles e idealistas no mayores que la planeada estrategia que bien dirigió el enemigo de sus vidas. Esos detalles insignificantes que antes de explotar parecían nada, aunque realmente eran trozos de amargura no confesada.

‘Se acabo el amor’ o ‘jamás podré perdonar algo así’ es la descripción que suele escucharse. Y esas heridas no ocultan el amor, sino que demuestran cuánto se amó. Las lagrimas no hablan de la desesperación, sólo de la expectativa en la que se puso la relación. Las contiendas gritan cuánto algo se anhelo y no resultó.

No necesitamos mil consejeros novatos, necesitamos un Redentor, no que resuelva con razonamientos y consejos muy estudiados, sino que recuerde a cada uno que aunque pudieron llegar a unirse en el tiempo equivocado, una vez que ante el Señor lo confesaron la historia de dos cambio a ser de uno y Su corazón amó lo dedicado.

Necesitamos un Redentor que sane, que cargue a cada uno a pastos delicados dando paz, regalando descanso. Un Redentor que le recuerde a él que ella es vaso frágil, que sin afecto y palabras de amor puede quebrarse. Un Redentor que traiga a la memoria de ella que sin su admiración continua él no sobrevivirá, que su pasado cambia radicalmente cuando ella ora de rodillas dispuesta a por su relación luchar.

Necesitamos un Redentor que traiga las palabras indicadas, que recuerde que el amor crece cuando se riega correctamente, cuando se le canta por las noches, cuando se le sonrie al amanecer, cuando se pasa por alto algunas cosas y se les resuelve con fe. Esa fe incansable que proviene de escuchar las palabras del Creador. Esa fe que perdona y restaura en amor.

Esa fe que calla el ruido de los demás y toma el valor. Esa fe de un hombre que decide ser un pastor, que dejaría todas sus posesiones, sus noventa y nueve ovejas por ir tras la que se perdió. Esa fe que hace a una mujer ver su imposible como posible de un transplante de corazón, por uno que sienta, uno que sepa amar y dirigir su familia como Dios le mandó.

Se necesita dejar de escuchar las voces de los demás y comenzar a escuchar al Señor, al que transforma y redime corazones distraídos y les da una riqueza mayor. Se necesita las agallas de creer lo sobrenatural, se necesita la hombría que solo un hombre como Jesús puede otorgar. Para tomar ese anillo y regresarlo a su lugar, ese que le recuerda a ellos que solamente la muerte los podrá separar.

Se necesita silenciar lo presente y verdaderamente amar, luchando aunque no tenga sentido, aunque sea imposible y aunque quizás nada vaya a resultar.

Ese amor cambia las cosas. Ese amor jamás terminará.


Comments 2

  1. Heidi

    Que cierto es lo que escribes..los consejos no pedidos de familia y amigos que debieron solamente escuchar y orar por ellos pudieran determinar algo, algunas fracturas que rasgarán el resto de sus vidas, aunque la decisión más poderosa siga en cada uno en darse por vencido o luchar por su vida…. Todo mundo alrededor te dice : “si no luchas y te defiendes eres un cobarde” pero en lo personal no tenía contra nada que luchar, pues mi “enemigo” resultaba ser el padre de mi hija, y jamás lo llegaría a ver así, como un “enemigo” , cómo hacerlo si por las venas de mi pequeña hija corre su misma sangre?.. Además, esas “batallas” que las personas te quieren ver luchar, decidí “pelearlas” orando …

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