Cada prueba ha sido una oportunidad para ver a Dios de cerca. Pues hay momentos en que el fuego de dificultad arrecia, cuando el viento sopla en tu contra y las olas de mar están a punto de ahogarte.

Pero Dios sigue allí… fiel, listo para esforzarnos, para mostrarnos que Él tiene cuidado de nosotros.

Hace dos semanas pasé por un accidente automovilístico donde estuve cerca de impactar mi auto contra el muro de un puente peatonal. El auto que venia en el carril de lado cambio hacía el mío repentinamente aventando mi carro fuera de la avenida, más de 20 metros al vacío es lo que me esperaba; ahogue mi pie en los frenos y aceleré para regresar a la avenida, lo que hizo patinar mi auto hacía el muro de concreto del puente. Lo vi frente a mis ojos, pensé que no la libraría… de alguna manera sólo lo roce y volví a la avenida express. Impresionantemente no golpee otro auto, ni nadie me golpeó a mi. El auto que provocó el accidente se detuvo más adelante. Volteo a lo sucedido y emprendió la huida. No importó. Yo estaba con bien. Algunos autos se pararon a auxiliarme. Por unos momentos estaba en shock. Salí del auto y lo vi por fuera, me asome al muro y observé lo que pudo haberme sucedido. No podía creerlo. Dios me guardó.

Llamé a uno de mis mejores amigos, tuve al oficial de transito apoyándome, después llegó la televisión y grabó lo que había pasado, la grúa jaló mi auto hacía un lado donde no estorbará la circulación de vehículos. El oficial preguntó si el auto tenía seguro. No tenía. La situación financiera había estado tan apretada que o pagaba los recibos de la casa o compraba el seguro. Tenía poco tiempo con ese auto.

Entré al auto de mi amigo y no pude contener las lagrimas, la vi muy cerca. El hizo una oración por mi y me alentó con sus palabras. Los comentarios siguientes en Facebook, en persona y en las llamadas de quienes me apreciaban eran acerca de agradecer porque salí vivo de esa. Y si, le di gracias a Dios y continué mi día de trabajo.

Aunque… ¿cuánto costaría todo esto? El otro auto huyó y no tuve tiempo de tomar las placas. ¿Cómo pagaría algo que no había planeado que pasará? La gente me decía lo caro que era tener el auto en el corralón y los daños municipales. Reparar el vehículo y tenerlo funcionando de nuevo.

Dios no había callado. Él sabia todo lo que implicaría este accidente. Hace tiempo escuche que frecuentemente Dios permite que ciertas cosas sucedan para a través de la dificultad hacernos más fuertes para el llamado que tiene para nosotros más adelante. Que el viento en contra muchas veces levanta más alto nuestro cometa y que Él promete que las olas de mar no nos ahogarían.

Al llegar a casa, hallé mi esposa llorando. Dos de sus amigas habían perdido a sus esposos en su primer año de casados en accidentes de auto. De alguna manera eso vino a su mente. Algunas personas claves la llamaron y oraron por ella. La abrace y di gracias a Dios por estar en casa con ella.

No sabía qué es lo que sucedería el siguiente día, pero sabia que el mismo Dios que me guardó en ese accidente, tendría cuidado de nuestras vidas. Ese auto lo entregamos a él tan pronto lo adquirimos, nuestras mismas vidas son de Él, no sólo porque lo creemos sino porque así le hemos dicho.

Sonó el teléfono. Un amigo, que tengo poco de conocer me llamó. Dijo que él me ayudaría en todos los tramites y que no me preocupará. Otro amigo, de la iglesia a la que asisto me escribió un correo diciéndome que iría a San Antonio, TX por 12 días y que sabía que necesitaba un auto. Que fuera a su trabajo, que él me prestaría el suyo los días que él estaría ausente. Estaba sin palabras. Esa misma noche Dios solucionó todas mis preocupaciones.

La semana que siguió fui a ver cuánto tendría que pagar de grúa y de haber tenido el auto en el corralón por tantos días. Mi pago quincenal sería hasta el viernes, pero quería prepararme. Al llegar a la ventanilla, di mis papeles y el encargado me dijo que estaba listo, me preguntó a dónde quería que lo llevarán. Que todo estaba pagado.

¿Qué? ¿Quién lo pagó? ¿Cómo? …Trate de no hacer más preguntas, pues si se habían confundido, gracias a Dios por tapar sus ojos. Di la dirección de un taller y salí de allí sorprendido. Dios tiene cuidado de mi.

No sé qué sucederá con el auto, qué tanto tendré que pagar por la reparación, pero lo que sé es que hasta ahora Dios se ha mostrado a mi favor, con su cuidado de Padre. No me preguntes por qué fue que pasó eso, porque estoy seguro que Él lo permitió para que yo lo conociera más de cerca. Para que lo pudiera ver no sólo en mis tiempos de felicidad, sino en los de tribulación.

¿Cuál es el fuego de dificultad que ha llegado a tu vida en estas semanas? ¿Qué viento esta soplando en tu contra? ¿Cuáles olas de adversidad quieren ahogarte? Quizás sólo son situaciones en dónde conocerás más de cerca cuanto Dios te ama. Que tanto Él tiene cuidado de ti. Y estarás listo para los retos más adelante.